Author Archives: elabejor_lidia

La importancia de llamarse “Maestro”

¿Llamarse maestro? Sí, desde hace un tiempo, no sé muy bien por qué ni cuándo la palabra maestro fue perdiendo fuerza, valor, sustento… aún entre los mismos maestros.

La posmodernidad nos trajo una lluvia de siglas, cuadros conceptuales, organigramas, técnicas de trabajo, herramientas de optimización, avances tecnológicos, nuevos modos de relación, títulos, todos elementos absolutamente positivos mientras no invaliden algunos, que no necesariamente deberían desaparecer.

Cuando nos preguntan nuestra profesión, presto especial atención a la variedad casi infinita de términos académicos que se utilizan para definir mi profesión “maestra”.

Resulta muy interesante también los análisis que se realizan sobre la palabra en cuestión: “nos pone en un plano X respecto de los niños…”, “hace referencia a paradigmas autoritarios…”, etc., etc., mientras lo que seguramente siente, cualquier hombre o mujer que haya elegido esta carrera por un real convencimiento de que era su camino, cada vez que un niño lo nombra como su MAESTRO, es que el alma se expande y piensa que algo bueno está haciendo.

Cada “mi maestro”, “mi maestra” es una medallita, y no por vanidad, todo lo contrario… es el nombre que nos dan a quienes acompañamos a la diversidad más absoluta de personas (de todas las edades), en sus caminos de aprender, en los que indiscutiblemente nosotros también aprendemos (de lo contrario, no tendría gracia).

Cuando hurgamos en nuestros propios arcones de recuerdos ¿pienso en la “profesora de enseñanza de nivel primario…”? No, pienso, por ejemplo, en mi maestra, la señorita de Lengua de séptimo grado, la que propiciaba debates sobre temas que me sirvieron como persona, en la vida.

¿Por qué cuando alguien se distingue en una disciplina decimos maestro? ¿Por qué en algunos es tanto y en otros parece tan poco o, por la contraria, arrogante?

Revalorizar esta palabra, con todo lo que encierra, no depende de los demás, depende de nosotros, maestros, profesionales que seguimos estudiando, especializándonos y capacitándonos equilibrando lo anterior con la dosis de paciencia, escucha, firmeza, comprensión y tantas otras acciones que a diario desarrollamos…

Porque llamarse maestro, no es tarea fácil.

Efemérides… ¡todo un tema!

Según La Real Academia Española:

efemérides.
(Del lat. ephemerĭdes, pl. de -is, -ĭdis, y este del gr. ἐφημερίς, -ίδος, de un día).

1. f. pl. Libro o comentario en que se refieren los hechos de cada día.
2. f. pl. Sucesos notables ocurridos en la fecha en que se está o de la que se trata, pero en años anteriores.

Una de las cuestiones a trabajar en las aulas, año tras año, es la de las efemérides; habitualmente desde el Ministerio llega un “Anuario” en el que figuran las fechas a considerar y el tratamiento que se le debe dar a cada una, desde una referencia en clase hasta un Acto formal.

La definición probablemente sea muy clara para un adulto, ahora, ¿cómo acercar a los niños a este concepto considerando que para ello debemos movernos en el espacio y en el tiempo de manera permanente y de un modo abstracto? ¿cómo hacer que ese acercamiento tenga un significado para los chicos? Hay a nuestra disposición abundante teoría e infinidad de actividades propuestas sobre el tema, pero cómo responder a la infaltable pregunta ¿para qué nos sirve?

Hace unos años y después de emplear diferentes estrategias, que mucho no me convencían, y ésta es una cuestión central, estar absolutamente convencido de lo que uno dice…retomo, pensando en la cuestión de las efemérides me zambullí en mi propia historia, ¿por qué recuerdo y festejo (cuando puedo) mi cumpleaños? ¿por qué quedaron en mi memoria días, meses, horas, personas y situaciones alegres o tristes, que inevitable y sistemáticamente retornan en el recuerdo cada vez que se acerca “esa fecha”? Lo que me respondí es caso obvio, la suma de todo ello es mi historia, pero además explican (en parte) por qué soy como soy lo que me permite reflexionar en cómo seguir. Y decidí a trasladar esta idea al aula. Entonces el para qué nos sirve se vuelve más claro… para intentar comprender por qué somos como somos, en mi localidad, en mi país, como habitante de un continente y hasta como miembro de esta “gran aldea” que es el mundo tengo que conocer qué hechos, situaciones y personas nos fueron marcando rumbos, qué hicimos y qué podemos hacer.

Trabajar una fecha determinada pensando que aunque haya ocurrido hace doscientos años influyó en la identidad de mi país, y que en muchos casos seguimos encontrando ejemplos actuales vinculados a ese hecho, le da verdadero sentido. Para finalizar un último aporte (aprendido a través de la práctica) no tenerle temor a los ¿por qué? Mientras más haya, más rico será el aprendizaje que para que sea real y completo tiene que involucrar a los chicos y al maestro.

¡Bienvenidos a El Abejorro!

Releyendo el libro “La estrategia del caballo…” de Miguel Ángel Santos Lara me topé nuevamente con un texto que siempre me proporciona un placer especial, probablemente porque estoy absolutamente de acuerdo con su significado; pero como sabemos las personas aplicamos a todo el plus de nuestras propias experiencias y estados y, tal vez por esto último, en esta etapa de mi vida “El vuelo del abejorro” le dio nombre (en parte) y guía a esta idea que deseo compartir con todas aquellas maestras y maestros que quieran rescatar lo simple.

La frase que encabeza el blog es justamente el final del texto mencionado; muchos estudios y análisis complicadísimos se realizaron sobre la conformación del abejorro indicando que por la misma, no debería volar; otras experiencias tan complicados como aquellas (pero más recientes) hablan de las razones por las que vuela, mientras tanto el abejorro absolutamente ajeno a dichas cuestiones, con su cuerpo robusto y sus pequeñas alas simplemente voló, vuela y seguirá volando.
¿Cuál es el vínculo entre mi texto inspirador y este espacio? Pues buscar y compartir ideas, artículos, trabajos y todo aquello vinculado a nuestra actividad que nos permita simplificar situaciones aparentemente complejas, para HACER. Buscando lo simple, nos ponemos en contacto con la esencia de las cosas y a partir de ella es posible desarrollar absolutamente todo. En este punto se hace necesaria una aclaración, mencionar lo simple, lo esencial no significa bajo ninguna instancia renegar de los avances que se han efectuado en todos los campos, ni pensar que todo tiempo pasado fue mejor, es sencillamente buscar el fundamento de los mismos, lo que nos permitirá entenderlos, hacerlos propio y utilizarlos.

A modo de ejemplo podríamos pensar en el uso de la PC; quien me conoce, seguramente, imagina que estoy escribiendo este texto en mi computadora y no es casualidad que haya elegido Internet para comunicarme y relacionarme; son herramientas que nos presentan infinidad de ventajas, forman parte de nuestro cotidiano y como profesionales debemos saber emplear.

Se puede argumentar que no todos los niños tienen computadoras en sus casas, que las escuelas poseen equipos antiguos o insuficientes, pero el contra argumento podría ser que una maestra o un maestro tiene que estar preparado para acercar a los chicos a estas nuevas tecnologías, en la oportunidad que pueda y con los elementos que cuente.

Y ahora vamos a simplificar…frente al inicio del uso de la computadora (y me incluyo) nos hacemos un mundo pensando en todo lo que no sabemos, mientras que lo importante no es saberlo todo, es saber bien lo esencial. Si conocemos a fondo una aplicación básica como la que estoy utilizando ahora (Word) podemos emplear cualquier otra, porque sus estructuras elementales son similares, e inclusive, en el mismo Word es posible realizar infinidad de actividades sin necesidad de profundizar en programas más específicos. Lo anterior es sólo un ejemplo que podemos extender a todas las áreas que abarca nuestra tarea, recordando siempre que si el abejorro vuela…nosotros también.

Dedicado especialmente a tres MAESTROS que estarán siempre en mi pensamiento y en mi corazón…Señorita Mabel, de primer grado; Señorita Blanca, de tercero (Escuela Juan B. Alberdi – Córdoba) y Herbert Diehl, quien me permitió descubrir el placer de cantar.

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